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domingo, 4 de febrero de 2024

EL GRITO

 Vuelvo a escuchar un pequeño grito, ahogado, casi como un susurro, a través de la lluvia. Mis ojos intentan escrutar atravesando el cristal, qué ocurre, qué ocasiona aquel lamento cada noche a la misma hora, un día tras otro, desde hace un año.

Todo empezó la noche del último día de diciembre, Nochevieja. La pasé en casa, con una copa de vino, un sandwich y una peli tras otra de terror, sin las doce campanadas, con la habitación llena de pañuelos por el suelo empapados de lágrimas, creyendo que se acababa el mundo porque mi gran amor me había dejado, incrédula. Entre el castillo de fuegos artificiales, lo escuché por primera vez, fue más fuerte, enérgico, incluso me asusté y salí corriendo hacia la ventana, pero solo vi oscuridad en aquella habitación de donde provenía el quejido, ni una luz, ni sombras, nada.

Esta noche mi apartamento está lleno de amigos, hay música, campanadas en la televisión, besos, abrazos, brindis y lluvia, pero lo he escuchado de nuevo, leve, ya casi imperceptible, pero ahí está, puntual. 


Aplasto mi cara más contra la ventana, necesito saber qué es aquel grito, que se ha tornado en quejido y casi ya, en un susurro en mi mente. ¿Y si realmente es eso? Si ya me lo estoy imaginando, y nunca ha existido, y si fue un grito de tantos en la noche.  ¡No, no, no! Es real, lo sé.

Regreso con mis invitados, pero algo me hace volver a la ventana y pegar mi cara de nuevo al cristal, y sí, ahí está, dentro de esa oscuridad, hay otra cara pegada al cristal del piso de enfrente, está demacrada, no puedo ver sus ojos, más percibo su tristeza, abre su boca y grita, grita, grita. Una mano se posa en su hombro y la empuja hacia dentro. 

Salgo corriendo de mi apartamento y aporreo la puerta de la chica. Nadie me abre, oigo las voces de mis amigos que me llaman, sigo aporreando la puerta, escucho aún su grito, está ahí, lo sé, lo escucho, y no puedo ayudarla, la he visto, no la voy a dejar una noche más, ya no. 

Esta vez llamo a la policía.

1 comentario:

  1. Por fin la encontraste y llamaste a la policía, es un verdadero alivio.
    (Una historia oscura, pero con esperanza, me gusta)

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