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jueves, 5 de septiembre de 2024

CARITA TRISTE

 Me deja sobre la cama, como de costumbre, recostada en la almohada, y veo su carita triste. Esos ojos verdes que a veces me miran con curiosidad, pero siempre, desde hace un tiempo, con una carita triste.

Todas las noches la escucho sollozar, y me abraza con tanta fuerza que me duele. Sus lágrimas bañan mi cabello. Me siento impotente, me encantaría poder rozar con mis dedos su mejilla, acariciarla y sumirme con ella en un largo y reconfortante abrazo.

Todavía recuerdo nuestros años de infancia, cuando salíamos al jardín y jugábamos horas y horas. Nos manchábamos con la hierba y después, corríamos al río y nos bañábamos. Ella reía, corría, me abrazaba, y para nada su carita era triste.

Los entresijos de la vida han ido cambiando a mi niña, dejándola sola en esta casona con sus pensamientos, sus escritos y sus amores. Buscando alcanzar lo inalcanzable, se ha perdido en el camino, deambulando como un fantasma por todas las habitaciones, con su carita triste. Tuvo tantas veces la felicidad en sus manos y no la supo valorar, siempre posando sus ojos verdes en un cielo de fantasías inalcanzables.

Yo, con los años, he perdido el brillo en mis mejillas, mis ropas han sido cosidas si he sufrido algún roto, y he creado un corazón. ¡Una muñeca con corazón, sí! Se me rompe el alma de ver a mi niña con su carita triste, y nada puedo hacer. ¡Qué triste ser muñeca, sentir y estar encerrada en un cuerpo de tela que mi niña estruja cuando llora! Qué triste ser muñeca y ver a mi niña romperse en llanto, sin poder hacer nada.

sábado, 10 de agosto de 2024

RECOGIENDO PAPELES

 Recientemente he cambiado de domicilio, trasladándome a una vivienda unifamiliar en un barrio poco habitado y de ambiente sereno, en las afueras urbanas. La tranquilidad de la zona se ve reflejada en el sonido de los grillos nocturnos y el canto de las aves al alba. Las calles son anchas y disponemos de un jardín privado. La cordialidad vecinal se manifiesta en el saludo matutino que intercambiamos con nuestros vecinos, pero mi vecino más próximo, suele observarme desde su ventana, de una manera descarada, atrevida, sin esconderse.

Me levanto a primera hora de la mañana para acudir a mi puesto de trabajo, pero con anterioridad salgo a correr. El parque que circunda la urbanización es un lugar hermoso y poco concurrido, dado que su ubicación alejada lo convierte en un espacio reservado para los residentes de Villaverde (el nombre de la urbanización). En las noches en las que el sueño se me escapa, me calzo las zapatillas deportivas, me visto con ropa de deporte y paseo por el parque. Me llama la atención y me resulta intrigante que, desde hace algunas noches, haya observado a una joven recogiendo del suelo papeles que, a continuación, lee, arruga y vuelve a depositar en el suelo, repitiendo esta acción de manera reiterada.

Mi vecino Pablo fue muy madrugador esta mañana. Apenas puse un pie en la calle para salir a correr, ya me estaba esperando en la puerta de mi casa. Confieso que me asusté bastante. Me miró fijamente con sus oscuros ojos, que parecían penetrar en la oscuridad de la madrugada. Me tomó de la mano y me preguntó:

- ¿La has visto?- Su voz sonaba asustada, incluso un poco desesperada.

- Perdona, no te entiendo. ¿A quién tengo que ver?

- ¡A ella, recogiendo papeles, una y otra vez, sollozando!

- Sí, sí - Le contesto rápidamente. -¿Quién es?

- Marianela, ¡qué dulce era Marianela! Vivía en esta urbanización, en los adosados de la zona norte, los más cercanos al parque. Era una soñadora empedernida, siempre radiante de felicidad. El brillo de sus ojos al sonreír lo iluminaba todo a su alrededor. El simple hecho de estar cerca de ella te hacía sentir bien, no sé cómo explicarlo. —Se detuvo unos instantes, pensativo, y añadió—: Era como tener un ángel a tu lado, que te hacía sentir seguro, relajado, en paz.

- ¿Qué ha pasado, ya no reside aquí? 

- Nadie sabe qué sucedió. Una noche, la vieron salir de su casa y dirigirse hacia el parque, con un papel en la mano, sollozando amargamente. Desde entonces, nadie la ha vuelto a ver, salvo los que por las noches salís al parque a pasear o correr, a la misma hora, en el mismo lugar del parque. Poco después de su desaparición, su casa fue puesta a la venta y aún sigue vacía. Los vecinos cuentan que escuchan risas esporádicas y llantos cada noche, pero de Marianela, nadie tiene más noticias. Si te acercas a ella por la noche para preguntarle, se desvanece entre los árboles, y si la llamas, te mira con unos ojos vacíos y llorosos. Si intentas tocarla, se disuelve entre tus dedos, envolviéndote en un intenso frío. Se cuentan dos versiones del famoso papel, una es que era el adiós de algún enamorado (con el que nunca se había visto), y otra, una notificación de desahucio. ¿Quién sabe?, pero la ternura, luz y locura de Marianela, se fue.




martes, 21 de mayo de 2024

EL VALS

 El salón está vacío, triste. Sus altas paredes adornadas con tapices y grandes cristales que dominan los muros, permiten que la luz del atardecer inunde la estancia. Los tonos anaranjados del sol de poniente se mezclan con el cristal, creando un espectáculo de luz y color en el ambiente, pero dicha luz, no hace que me siga sintiendo sola.

Una suave música comienza a llenar el salón. Es un vals, sus notas delicadas y elegantes se deslizan por el aire como una caricia. Un, dos, tres, un, dos, tres, y comienzo a bailar. El vals, con su ritmo suave y envolvente, lo transforma todo, abrazando elegancia y nostalgia, uniendo el pasado y el presente en una armonía casi perfecta, me falta con quién bailar.

En medio del salón, envuelta en la magia del atardecer y la melodía del vals, siento una presencia suave y etérea. Un ser alado, con plumas brillantes como la seda, se acerca y me envuelve en un abrazo cálido y protector, invitándome a un viaje más allá de lo conocido.

Con un impulso suave, comenzamos a girar y rodar por el salón, al compás de la música. Nos fundimos en una danza de luces y sombras mientras el sol se va ocultando en el horizonte. El mundo a mi alrededor se vuelve borroso, dejando solo la sensación de libertad y unión.

La luz de la luna se asoma tímidamente. El ser alado, con sus alas desplegadas, brilla con luz propia, complementando la suavidad de la luna.

El vals continúa, ahora acompañado por la luz de la luna, transformando el escenario en un lugar de ensueño. Rodando y girando, me transporto a lo onírico, donde todo es magia y serenidad. Cierro con fuerza los ojos para de este sueño no despertar, y seguir bailando, un, dos, tres, un, dos, tres, con mi ser alado, girar y rodar, mirarle a esos ojos dulces, y no dejar de bailar este vals.

miércoles, 15 de mayo de 2024

EL BARCO

 

Los años 70 fueron fabulosos en mi vida. Celebraron mi botadura con la típica botella de champán lanzada sobre mi cascote, con bendición incluida, risas y muchos brindis. Mis dueños estaban encantados conmigo. Surcamos los mares con noches estrelladas,  tormentas, cuyas olas me embestían y zarandeaban como un muñeco, y preciosos amaneceres, cuyo sol nos regalaba sus primeros rayos y envolvía con su calor mientras nos mecíamos en las azules aguas del mar.

Mis niños crecieron sobre la cubierta, jugando con mi timón (mi corazón). Sus pequeñas manos lo amarraban y giraban y giraban como una peonza, hasta que sus padres se enfadaban. Aquellas manos pequeñas, suaves, aunque me hacían a veces rabiar, llenaban mis días de alegría.

Pero el reloj de la vida sigue corriendo, mis dueños ya marcharon hacia otros rumbos, mis niños han crecido, y aunque salen de vez en cuando conmigo, ya no me susurran sus secretos, ni son los piratas del cuento que creamos cuando eran pequeños, y yo, he quedado aquí, amarrado en el puerto, anclado y cogido con la maroma, que envejece al mismo tiempo, y que también me cuenta sus penas.

La maroma a veces me ha soltado y he levado anclas para salir a alta mar, y me he sentido libre, sin nadie que tome el timón para dirigir mi rumbo. He buscado a algún osado, que he creído, iba a llenar mi vida de nuevas aventuras y llenar mi cubierta de nuevas vibraciones, de manos acariciando mi timón y palabras bonitas. Más ha sido una mera ilusión, pues si alguno ha subido a cubierta, me ha encontrado viejo y cansado, con los engranajes ya gastados, devolviéndome a puerto, con mi maroma, que sigue paciente esperando mi regreso.

Y aquí estoy, un barco hoy en día, sin un rumbo fijo ni futuros viajes que realizar, con el timón cada día más oxidado y llorando en soledad por los tiempos ya vencidos y aquellos, que solo sé soñar.



sábado, 11 de mayo de 2024

LA MAZMORRA

 Abro los ojos lentamente, solo siento el constante martilleo de dolor en mi sien. Intento con mi mano, rozar la zona, y las yemas de mis dedos se empapan con algo pegajoso, espeso, supongo que es sangre. Vienen entonces, a mi mente, difusas imágenes de lo acaecido horas antes. Había salido de mi casa, y las calles ya estaban llenas de gente reivindicando el estado de pobreza de nuestra sociedad. Solo unos pocos  privilegiados tienen trabajo, el resto se dedica a mendigar y robar para poder subsistir.

Ya se ha perdido la esperanza con aquellos que les prometieron un mundo mejor, y que lo único que han hecho ha sido llenar sus bolsillos, construirse grandes mansiones y llenar sus arcas, arruinando al propio pueblo que les votó.

Las paredes de la mazmorra parecen retumbar con la desesperación de la multitud que se escucha desde el exterior, la escasa luz que se filtra por su ventanuco, muestra los rostros demacrados y llenos de sufrimiento.  Hay un olor penetrante a sudor, heces, podredumbre y desesperación.

No me atrevo a decir que yo no estoy con ellos, que no estaba en la manifestación, que solo me vi acorralada en un torbellino de gente corriendo, gritando, policías con sus camiones manguera dispersando al personal, que sin fuerzas se echaba al suelo y dejaba que las aguas a presión les arrastrasen, quizá era su primer baño en mucho tiempo. Yo solo bajaba a buscar algo para poder comer, pero ya, qué más da.

Las horas transcurren lentamente aquí, en la mazmorra. Tenemos frío, hambre, sed y solo nos envuelve un sepulcral silencio, que nos anuncia el fin que nos espera. Es la antesala al muro donde seremos llevados y fusilados, ellos por reivindicar sus propios derechos y yo, por estar cansada de ser un juguete de estos gobiernos, que han perdido toda la humanidad, integridad y razón de ser. 

Comienza a amanecer, y se escuchan los primeros disparos, algún gemido y de nuevo, silencio.


martes, 7 de mayo de 2024

LA CUERDA

 Me fueron tejiendo entre sus manos, hebra a hebra, con dulzura. Sus suaves dedos me acariciaban mientras me iba formando en una cuerda larga y robusta, nacida del esparto. Cuando estuve terminada, me colgaron bien doblada sobre un clavo y ahí, reposaba cada vez que terminaba mis tareas.

Tuve diferentes usos en mi vida útil. Mis dueños se amarraban conmigo para bajar al pozo y limpiarlo, se sentían seguros, sabían que no les dejaría caer, en esos momentos éramos solo uno. Después, con suavidad, me iban enrollando y me devolvían a mi rincón, sobre el clavo, hasta un próximo uso. Confiaban en mí.

Por el tiempo vinieron los niños, ellos ya no eran tan cuidadosos, aunque sus padres les reñían cuando no me dejaban correctamente colgada, pero eran niños. Jugábamos a saltarme, me llevaban a la montaña, se amarraban y a volar. Yo, como buena protectora, aguantaba todos los envites cuando nos lanzábamos al vacío, aunque alguna de mis hebras ya empezara a romperse, ellos eran lo primordial, el dolor que pudiera sentir, no podía demostrarlo. Yo, era una cuerda robusta y fuerte, a la que todos querían.

El tiempo ha ido transcurriendo, mis hebras con tanto uso se han ido desgastando y ya estoy bastante deshilachada, incluso en algunos tramos, casi rota. Hoy, me han recogido del suelo del garaje, donde estaba dentro de una caja por ahí tirada. Han querido jugar al tira y afloja. Sus risas me han llenado de vida, pero en un momento dado he tenido que empezar a gritar, ¡por favor, parad, parad, me estoy rompiendo!, y no me han escuchado. Han seguido con sus risas, envites y al final, en un último suspiro, me he roto. Todos han caído al suelo, las carcajadas han llenado el ambiente, pero mi dolor ya era tan grande, que las he escuchado como un eco, a lo lejos.

Me han dejado ahí, sobre la hierba húmeda y han salido corriendo, sin dejar de reír. Han ido pasando las horas y nadie ha vuelto a recogerme, sigo aquí, sobre la hierba. Ha refrescado y empieza a llover, tengo frío, estoy rota y sola.


viernes, 3 de mayo de 2024

LA REINA DE CORAZONES

 Todo empezó con una partida de cartas, en un cuartucho oscuro y lleno de humo, solo iluminado por una tenue luz, cuyo tintineo constante, te envolvía como en un sueño, hipnotizando tus sentidos. Yo, era la chica de compañía,  la que quieren tener a su lado como un amuleto, a la que de vez en cuando, para mostrar su hombría, le pellizcan las nalgas o la sientan en sus brazos, como si fueran los reyes del mambo. ¡Ignorantes!, solo son los reyes de la hipocresía, la maldad y un odio aferrado a sus almas, por todo aquello que no cumple sus normas.

Aquella noche era especial para mí, por una vez, aunque fuera la última, me iba a sentir la reina de corazones, la que pintaría de rojo la habitación, con salpicaduras abstractas, gritos acallados y risas cortadas. Esta, era mi noche. Después de ser vapuleada, pasada de mano en mano y tratada como una muñeca de trapo, a la que han despojado de todo, y que no tiene nada que perder. 

Les dejé jugar varias partidas al póker, ¿por qué no? Hay que dejar a las bestias que entre ellas se enfurruñen, se enfaden y vean sus propias trampas. Mientras, la reina de corazones pasaba de brazo en brazo, alguien de ellos me daba de vez  en cuando un beso, con un aliento insoportable a podredumbre, iniquidad y sudor. Pero les dejé hacer, iba a ser nuestra última noche, que disfruten antes de bajar a los infiernos. Risotadas, vasos de whisky derramados, ojos vidriosos y yo, por fin, yo.

Sigilosamente, me levanté del brazo del grandullón, estaba ya muy borracho para saber si iba o venía, y me acerqué a la puerta. Ahí, entre las sombras, saqué mi automática de 9 mm "Parabellum", con trece cartuchos, para rematar bien a mis cuatro captores, a aquellos que me habían encerrado en una jaula (según ellos de oro) para su disfrute y placer, sin importarles que fueras un ser humano que siente dolor, amor y mucho odio. ¡Y como me enseñaron!, con gran rapidez, apreté el gatillo apuntando a sus corazones, sin pestañear, sin sentir ni una pizca de remordimiento, y sonreí.

Sus cuerpos quedaron tirados sobre la mesa, y un gran estallido me hizo salir del estupor del placer que me había prodigado mi venganza, sí, placer. Como se dice, ojo por ojo, y diente por diente. Ahora éramos iguales. 

Sentí en mi cuerpo varios disparos, pero no me dolieron, seguía sonriendo, ya no me importaba nada. Esta vez, la reina de corazones había abierto su jaula de oro, y por fin, salido a volar.



sábado, 27 de abril de 2024

LA CAJA

 El autobús está a punto de salir. Miro a través de la ventana, retengo en mi retina cada imagen, cada aroma, y cierro la caja de los recuerdos. La dejaré ahí, agazapata, cobijada y cubierta con las nuevas experiencias que me decido a vivir. 


Dejo atrás, momentos maravillosos, increíbles, de aquellos que por mucho que esconda en la caja, y aunque la pinte del color de la indiferencia, en este mi cerebro, han dejado una huella de profunda pena al decirles adiós. Otros, sí, que con todas mis fuerzas deseo que se desvanezcan como en un truco de magia, y si algún día la vuelvo a abrir, se hallan convertido en una paloma blanca, de libertad y paz conmigo misma.

El autobús avanza, es una huida apresurada, un acto de valentía o cobardía, quién sabe, a la búsqueda de una felicidad imprecisa, volátil, por perseguir palabras bonitas y abrazos virtuales, besos y orgasmos imaginarios escuchando una voz por la red. 

¿Qué estás haciendo, lo has pensado bien? ¡Que sería la vida sin riesgos, qué será de mí! En otro relato os lo contaré.



 



viernes, 29 de marzo de 2024

LA JAULA

 Hace un día resplandeciente, mi dueño ha abierto la ventana y ha acercado mi jaula para que me dé el sol. Sus rallos penetran en mi plumaje y me hacen sentirme bien, estiro mis alas, preparo mi garganta y empiezo con mi canto, mis primeros gorjeos son suaves y aumentan de intensidad con cada rayo de calor. 

Desde hace unos días me siento ilusionada, se posa en el alféizar de la ventana un gorrión precioso que con su pico toca el cristal y canta a mí son, mueve sus alas en un insinuante baile y me hace promesas de amor. No soy completamente feliz en mi jaula, pero me da seguridad, calor, protección. Pero mi gorrión me llena la cabecita de ilusiones, me hace reír con sus tonterías, me siento por primera amada y deseada. Cada tarde viene y me canta, me dice que por la noche me sacará de mi jaula, y juntos surcaremos el cielo y los mares. 

Sin embargo, las noches pasan y yo al gorrión le canto mi amor, y el gorrión no contesta, sigue haciéndome reír, pero no conquisto su corazón. La ilusión se va desvaneciendo, me siento defraudada, esta noche le diré adiós a mi gorrión.

Desde que mi gorrión no está, los días son tristes y ha dejado de salir el sol, mi dueño me sigue acercando a la ventana, incluso me ha sacado al balcón, pues me nota afligida. Pero hoy, un ruiseñor se ha acercado, no me ha hecho reír, ni ha cantado a mí son, más hemos tenido una buena conversación. Ha sido muy agradable, nos hemos contado nuestras inquietudes, y ni una palabra de amor.

Pasan los días, y sigue viniendo a visitarme. Esta noche hace calor, mi dueño ha dejado la ventana abierta y escucho un ruido, es mi ruiseñor, ha levantado con su ala la puerta de la jaula para que con él me vaya a surcar los cielos y los mares. No me ha hecho promesas, ni poemas, ni palabras de amor, solo ha habido buenas conversaciones, que poco a poco han ido llenando nuestros corazones de ilusión. 

Volamos los dos bajo la luz de luna, sin un futuro cierto, pero libres en esta noche estrellada, donde se escucha, a lo lejos, el canto triste de un gorrión.


miércoles, 27 de marzo de 2024

EL RÍO

 Qué rostro tan hermoso, me cautiva su mirada y esa melancolía que desprende, y sus lágrimas. Esas que se mezclan con mis aguas en un dulce abrazo. Sus manos se hunden en mis entrañas, las revuelven con oscilaciones suaves, tomando una forma cóncava para llenárselas de mi sangre azul y bañar su cara, pálida, triste, sola.


Todos los días viene a visitarme a la misma hora, se sienta en la orilla, a mi vera, se pierde en la inmensidad de sus pensamientos, que solo ella conoce y yo intuyo, de niña enamorada.

Mi Laia, mi amada Laia. Llena mis días de gloria con su visita, pero no sé cómo aplacar su pena. Mi Laia, ¡quién fuera cuerpo para envolverte en un abrazo y arrullarte, y voz, para susurrarte al oído cuanto te quiero, mi niña!

¡Qué galán te ocasiona tan gran desconsuelo! ¡Si se acerca a mi orilla, en bruma me convertiré para que no le puedas ver, le cubriré de rocío y en mis aguas le haré caer, llevándole hasta el mar, mi niña bella, para que no vuelva a hacerte llorar!

Mi dulce Laia, mi niña, espero en mis aguas el reflejo de tu sonrisa poder disfrutar, porque no hay que llorar por un galán que no te quiere, ni sabe lo que es amar.

miércoles, 20 de marzo de 2024

EL GARBANZO

 

Esta es la historia de un garbanzo, una pequeña legumbre que no sabía cuál era su lugar en el plato de la vida.

Iba de bote en bote, pero en ningún cocido era hervido y por ninguna boca engullido. 

Era pequeño y con forma de corazón, era tan bello que ningún chef del castillo lo quiso guisar para un Lord.

Tenía un color rosado, que por el tiempo fue perdiendo, quedando seco y cada vez más pequeño. Era el gran confesor de príncipes y princesas. Quién hubiera pensado que un garbanzo hubiera sido el portador de tantos secretos de amor, simplemente por su forma de corazón?

Que historia tan absurda la de este garbanzo, que lloraba por ser ingerido como sus amigos, ya cansado de escuchar tantas penas y dolor. !Que absurda esta vida, que ni un simple garbanzo puede hervir tranquilamente en un perol, acabando sus días seco y podrido, por haber sido hermoso y tener la bella forma de un ❤️!


miércoles, 13 de marzo de 2024

¿QUIÉN ERES, QUÉ QUIERES?

 No tengo tiempo de girarme y ver si aún me persigue, solo sé que debo correr, correr sin parar hasta llegar a la estación de tren. Sus pasos cada vez están más próximos a mí, no puedo más, mi corazón no aguanta este ritmo, me siento desfallecer, ¿Quién eres, qué quieres?

Hoy es un día cualquiera de enero, me he levantado para ir a trabajar, como todos los días. He descorrido las cortinas y abierto la ventana, y ahí estaba, de nuevo. No me ha sorprendido volver a verlo a esas horas tan tempranas apoyado en la farola que hay en la acera de enfrente, fumando. Recuerdo que he pensado, ¡por Dios, con el frío que hace, y ahí está todos los días!, estará esperando a alguien. Me he arreglado, bebido el café y bajado a la calle para ir a coger el tren, y ahí seguía, con su cigarro en la boca, y esa mirada desconcertante con la que me he cruzado durante unos segundos, que me ha hecho estremecer, no sé muy bien por qué.

He empezado a andar y al momento he escuchado sus pasos detrás de mi, primero lentamente y después tal y como yo apretaba el paso, sus zancadas se aproximaban más. ¿Quién eres, qué quieres?

Cuando me he cruzado con su mirada debería haber hecho caso a mi intuición, he sentido miedo, pavor. Esos ojos oscuros me han helado el alma, y su sonrisa malévola ha hecho el resto. Tendría que haber llamado a un taxi, pero no. Soy reacia a dejarme llevar por mis emociones, ¡Cuánto me arrepiento! Desde hace unos días tenía un pálpito que me inquietaba y me susurraba muy bajito al oído, ten cuidado, ¿quién es, qué quiere?, pero solo hoy lo he descubierto.

Corro sin parar, casualmente no hay casi nadie por la calle, y los pocos transeúntes están como ausentes, en su propios problemas. No puedo gritar, ¡qué me sucede, por qué no puedo gritar! Cada vez está más cerca de mí, escucho ya su respiración y siento como me empuja hacia el callejón, y sigo sin poder gritar, el terror me paraliza.

Me arroja contra el contenedor con rabia, ansia, deseo. Siento sus manos desgarrar mis ropas, sus labios fríos rozando mi piel. Con todas mis fuerzas intento desasirme de él, consigo arañar su cara y le escucho gemir, un suspiro de dolor y placer.

No recuerdo ya más nada, solo sé que estoy tirada en el suelo, sola, con las ropas rasgadas y está comenzando a llover. 






lunes, 11 de marzo de 2024

EL LADRÓN DE CORAZONES

En un recóndito pueblo del país del “TE QUIERO”, en el valle “Del Querer”, donde agricultores y granjeros se mantenían con sus propias cosechas y ganado, vivían estos plácidamente, sin grandes penas ni dolores, con corazones enamorados. No tenían riquezas, ni grandes palacios. Sus casas eran humildes, pero alegres, coloridas y llenas de ilusión. 

Pero una noche borrascosa, con truenos y relámpagos, un jinete llegó al valle. Su corcel blanco recorría todas las calles del pueblo bajo las riendas de su dueño, un caballero apuesto y sofisticado. Todos se asomaron a sus ventanas, ¿quién osaba con aquel tiempo a cabalgar por aquellos lares? 


Tanto hombres como mujeres quedaron fascinados por aquel hidalgo, no sabían que les sucedía, pero algo había encogido sus corazones a su paso, dejándoles extasiados de amor por él. 

El caballero se pasó toda la noche cabalgando con su corcel por el pueblo del “Te Quiero”, riendo, gritando:

—¡Vamos, salid, adorad a vuestro Rey de Corazones!—, y no dejaba de reír, sus carcajadas eran atronadoras, más que el propio fragor de la tormenta. Sus ojos iluminaban la oscura noche, y no dejaba de reír, era el rey de los infiernos conquistando un pueblo usando una sola arma, un corazón en su mano, el suyo propio, que enamoraba allá por donde pasaba.

Llegó la mañana y la borrasca desapareció y con ella el jinete. El pueblo entero salió a la calle, corriendo, gritando, llorando. ¿Dónde se había ido su jinete, este que a todos había enamorado? Recorrieron durante días el valle, más no lo hallaron, y el pueblo se tornó triste, taciturno, gris. ¿Qué les había pasado? Celebraron un pleno extraordinario al que acudió el pueblo entero, ni el médico, ni el letrado, ni el juez, pudieron explicar qué les había enamorado de aquel caballero, solo sabían que todo era absurdo e irracional, pero no podían contener su dolor. El veredicto del juez final fue:

— ¡Son cosas del amor!

Y el pueblo, triste y apenado, quedó, el rey de los infiernos, con un corazón en su mano a todos conquistó.

sábado, 9 de marzo de 2024

LA ESTACIÓN DE TREN

La estación de tren está repleta de gente, me siento aturdida, mareada, durante unos instantes no recuerdo que hago ahí. Solo escucho el rumor constante de voces, los altavoces y el pitido de los trenes a su salida, pero muy lejano, y muchas caras a mi alrededor. ¿Qué pasa?

Como un sueño, varias imágenes pasan por mi mente, un empujón, un tirón, y caigo al vacío. Un golpe, un dolor inmenso en la cabeza, y oscuridad.

Unas manos suaves rozan mi cara, con mucha dulzura.

- Hola, ¿me oye? - Su voz es embriagadora, me quedaría envuelta en ella. Pero una gran quemazón me hace de nuevo cerrar los ojos y gemir, ¡la cabeza, me quema la cabeza! Con mis manos intento tocarla, pero el señor de dulce voz no me deja. 

- Tranquila. Ya viene la ambulancia. La han atracado, cálmese y no se mueva. - Es como un encantador de serpientes, me cautiva. El roce de su mano junto a la mía, y su voz, me embelesa. 

Escucho una sirena que se acerca, y voces solicitando dejen paso a los sanitarios. Dos policías están  disolviendo a los mirones, necesito aire, necesito espacio, me ahogo. La voz se aleja, le dicen que se aparte para que los sanitarios me puedan atender, ¡no, por favor no, la necesito! Le aprieto la mano para que no me suelte, intento hablar y decir que no se vaya. Me pierdo en su mirada, ya no siento su mano, todo se vuelve de nuevo oscuro, de repente vuelvo a la nada. 

El doctor me informa que he estado dos días en coma por el traumatismo sufrido. Me pregunta si recuerdo qué me ha sucedido. Vagamente, solo recuerdo la voz, los ojos y el roce de aquella mano suave, dulce y su mirada.

Ha pasado un mes y vuelvo a la estación de tren, sigue repleta de gente, con sus pitidos, los altavoces, la gente con sus maletas, alguien me empuja sin querer, me estremezco, reconozco que el miedo me recorre todo el cuerpo. Miro hacia todos los lados, sujeto fuertemente el bolso y me quedo paralizada. De pronto todo se detiene, la voz, vuelvo a escuchar su voz.

- Buenos días. Tranquila. - Su mano roza la mía, nuestros mundos se unen con solo una mirada.

martes, 5 de marzo de 2024

CARNE TIERNA

Se cierra la puerta. Atrás quedan los golpes, gritos, lágrimas, sus risas y burlas constantes, ¡el miedo, ese maldito miedo! Noches sin dormir, visualizando una y mil veces cómo será mi huida, mi libertad. Y por fin, esta noche sin más, ha llegado, inesperadamente. 

Sobre las 21.00 horas, como todas las noches, salvo los fines de semana, le he oído llegar. Hoy, venía contento, solo ha gritado mi nombre tres veces para llamarme, como si estuviera en la otra parte de la ciudad.

- ¡Luisa, Luisa, Luiiiiiisssaaaa! -, sonríe sarcásticamente. - Mi niña bonita ¿Dónde estás escondida?, Vamos, papaíto está aquí.

Mis manos comienzan a temblar. Reviso la mesa y repaso rápidamente que todo esté como a él le gusta. Su vaso de vino, su plato de sopa caliente (aunque estemos a 40º), la carne preparada para asar (porque si la hago antes y se enfría...), no quiero ni pensarlo. Escucho como entra en la habitación, se estará cambiando la ropa. Por supuesto, las zapatillas están preparadas a los pies de la cama, y su pijama de seda plegado perfectamente sobre el cojín, todo en su sitio. Pasan unos minutos, oigo ya sus pasos por el pasillo que se acercan a la cocina. Me sudan las manos, se me acelera el corazón, y no es de amor, hace ya mucho que este desapareció para convertirse en una historia de horror. 

Me roza lentamente con sus dedos, sus facciones son tan angelicales, qué durante unos breves segundos me siento culpable de tenerle tanto pánico, pero dura poco. Ese roce angelical se convierte en un pellizco en el lóbulo de mi oreja y un grito:

- ¡Ese no es el vino que me gusta, y lo sabes!

- Lo siento, no había en el supermercado, y me ha comentado la cajera que este es muy parecido. - Mi cara ya está rozando la copa de vino del tirón que me ha dado, me arde el oído. La copa tintinea en la mesa hasta casi caer, -¡no por Dios, no!

- ¡Eres una inútil!

Me suelta y con un empujón me tira al suelo. Me levanto de un salto y le sirvo la sopa, su sopa caliente. Enciendo el fuego para empezar a asar la carne, ni muy cruda ni muy hecha, en su punto. Yo no puedo cenar con él, le molesta desde hace un tiempo el ruido que dice hago al masticar. ¡Será por los dientes que me faltan de tantos golpes! Claro, no hay dinero para ir al dentista para mí, pero sí para sus pijamas de seda, sus botellas de vino de tropecientos € y demás caprichos del señor. Y tampoco me deja ir a trabajar, sabe que ello podría dar paso a mi libertad, y la sumisa se acabaría. 

Sin embargo, esta noche va a cambiar mi suerte. No sé si un ángel, bueno, más bien los creyentes dirán un demonio, ha hecho que todo se vuelva a mi favor de una forma irreal. Hoy podemos decir que sí existe el karma.

La carne ya está en su punto y el ha terminado su sopa. Le retiro el plato y le sirvo la carne. Está tierna, muy tierna. El roce del cuchillo la corta fácilmente, y bocado a bocado la mete en su boca, uno tras otro, casi sin respirar. De pronto, empieza a ponerse rojo y noto que se ahoga. Me quedo mirándole, no sé que pasa. Se levanta dando trompicones y empieza a darse golpes en el pecho, no puede gritar, se ahoga. Yo sigo pegada a la pared, paralizada. Cae al suelo, le miro y su mirada me suplica le ayude, sigo inmóvil. Sus ojos quedan abiertos, mirándome, gritándome desde el infierno.

Desde su teléfono llamo al 112 y explico que mi esposo se está ahogando, que por favor, vengan lo más rápido posible, no sé que hacer. Estoy sola, ni una lágrima sale de mis ojos. En unos minutos escucho aproximarse una sirena, y personas corriendo por la escalera. Les abro la puerta, intentan reanimarle, pero ya es tarde. 

Sus ojos me siguen mirando, más ahora soy yo la que sonrío. Intentando reanimarle han movido la mesa del sitio, y la copa de vino ha caído sobre él. ¡Salud, amado mío!





lunes, 26 de febrero de 2024

¡SIN SABER POR QUÉ!

 

    Toda la noche esperando que me llamaras, mirando el reloj una y otra vez, cada segundo parecía una eternidad. Permanecía con la luz apagada, solo el reflejo de la luna llena que filtraba por la ventana iluminan la habitación, y esa farola, apagando y encendiéndose continuamente, anunciando su muerte. Y yo, inquieta, ¡sin saber por qué! 


    Era una noche cualquiera, de las que sabía que no vendrías, ni me llamarías. Tu rutina, tu indiferencia a la que ya me tenías acostumbrada, tu tranquilidad de "todo está bien, para qué llamar", pero la inquietud esa noche me consumía, y ¡sin saber por qué!

    Me decidí en dejarte un mensaje en el móvil, sé que no te gustaba, pero esa desazón iba en aumento, me empezaba a oprimir el corazón, a acelerar la respiración e incluso sin más, me puse a llorar. Me abracé a tu almohada, cerré los ojos y te sentí junto a mi. El calor de tu piel, tu aroma, el roce de tus labios, incluso me pareció escuchar tu voz, como un susurro. 

    Llegó el amanecer, la luna se desvaneció y los primeros rayos de sol despuntaron en la mañana. Al final, te llamé. Un tono, dos, tres y no respondes. Finalizan los tonos y te dejo mensaje en el contestador. ¡Por favor, llámame!. Intento que mi voz no sea una súplica, ni esté envuelta en un sollozo, aparento una fingida tranquilidad, pero tu me conoces demasiado bien. 

    Agotada por no dormir, con los ojos hinchados de sollozar me arreglo y salgo a trabajar, un día más. Tu llamada sigue sin llegar. Ya son varios meses, pero incrédula de mí no te puedo olvidar. Aquel pálpito fue tan real. Sí que estuviste en unos brazos, el calor de tu piel, tu aroma y el roce de tus labios a otra hicieron temblar. Aquella zozobra que sentí fue el preludio de un adiós.

    Estaba cegada y no me percaté que no me llamabas a mí, pero a ella sí, que tu indiferencia ya era desamor y tus ojos ya no reflejaban la luz cuando me mirabas. ¡Qué tonta fui!, más sigo esperando que me llames, ¡incrédula de mí! 

jueves, 22 de febrero de 2024

EL POZO

 


6.15 h, 21 de febrero de 2023

Tía Lina: - ¡Vamos a levantarse ya, cuadrilla de holgazanes!
     Un gran alboroto de golpes de cuchara aporreando una cazuela retumban por todas las habitaciones, con los estridentes chillidos de la tía Lina.
   Con caras somnolientas, ojos vidriosos y sin parar de bostezar, los niños se levantan a regañadientes, tiritando, hace un frío horrendo en la casa, y la tía Lina no enchufa la calefacción porque según ella, no hace falta, hay que ser fuertes y endurecer la piel y el alma. 
    Tienen cinco minutos para lavarse, vestirse y bajar a desayunar. Les espera un vaso de leche aguada, fría, con pan duro y malta. ¡Ni que estuviéramos en época de postguerra! Para ellos, es peor, incluso. La tía Lina les ha ido recogiendo de la calle, prometiéndoles comida, estudios, casa, cariño. ¡Caray con la tía Lina!. Lo único que han recibido son gritos, golpes y podríamos llamar cariño, a darles un tirón de oreja "cariñoso" si cumplen  con los trabajos que les ordena. Los trabajos, como podréis suponer no son nada legales, por supuesto, prostitución, robo en grandes superficies y zonas turísticas, en casas, y la tía Lina, arrebatándoles de un manotazo su infancia, ¡maldita tía Lina!.
    
6.15 h, 21 de febrero de 2024

Tía Lina: - ¡Vamos a levantarse ya, cuadrilla de holgazanes!
    Un año ha pasado ya, la casa queda pequeña para tanto niño sin infancia, con ojos apagados, ropa rasgada y vacío en el alma.

Niño 1: - ¡No puedo más, tía Lina nos ha engañado a todos!. Tengo 12 años y una vida sin futuro, todos lo sabemos, cuando cumplamos los 15, desapareceremos. ¿Dónde van nuestros amigos?, nos lo imaginamos, al fondo del pozo. Mientras, tía Lina llena sus bolsillos con nuestro esfuerzo, desgracia y humillación constante, su habitación está caliente las 24 horas, los mejores manjares son para ella,  a nosotros, como perros, nos sirve bazofia. 
    Los niños asienten, en silencio. Sus edades son aproximadas, niños de 9 a 14 años. Más pequeños no rinden y estorban, mayores de 14 son peligrosos. Están cansados y llenos de odio. Sus facciones muestran la rabia que les consume, sus puños, apretados.
Niño 2: - No podemos hacer nada (sollozando), es una bruja, me asusta. No sabemos qué hace en su habitación, pero se oyen voces, ruidos, se desprenden olores y nadie puede entrar. 
Niño 1: - Más te asustará que te eche a un pozo donde solo hay oscuridad y silencio, con un hechizo, ¡eso sí que asusta! ¡Silencio, viene!

    La tía Lina, altanera, con su sonrisa socarrona y sus dientes de oro, les mira con ojos de demonio, sí, su alma está negra y huele a azufre, al olor del infierno. Sonríe, sabe que le tienen pavor. Esa es su gran baza, el miedo. Es una señora grande, un poco obesa, pero no fuerte, juega con el temor de los niños, les domina y tiene bajo su yugo, pero Niño 1 ya se ha dado cuenta, y va a jugar al mismo juego con ella. 

22.00 h, 22 de febrero de 2024

    Todos los niños están ya en sus camas, tía Lina ha entrado en su habitación y comienzan los susurros, los golpes, los cantos y su risa, una carcajada estridente que hiela la sangre. Los niños cubren sus cabezas con la poca ropa de cama que tienen, y sollozan. 

Niño 1: - ¡Vamos, no tengáis miedo! Yo acabaré con esta bruja.
    Sale sigilosamente de la habitación y baja hasta la puerta de salida. Tal y como Lina le ha enseñado para poder entrar a las casas a robar, abre el pontón de la casa y corre hacia el pozo. El pozo de los querubines, lugar de descanso al que Lina lleva a todo aquél que ya no le es de utilidad.

    Niño 1 comienza a gritar, a llamar a Lina, ¡Lina, Lina, Linaaaaaaa!. Esta se asoma a su ventana completamente enfadada y enfurecida, ¿Quién osa a esas horas a molestarla?.

Tía Lina: - ¡Niño 1, qué narices estás haciendo fuera de la casa a estas horas! ¡Vuelve, ya!
Niño 1: - Baje tía Lina, aquí tengo muchos amigos que la están llamando, ¿no les escucha? ¡Vamos, tía Lina, la están esperando!
    Tía Lina baja corriendo las escaleras y abre la puerta de la calle, desde allí comienza a gritarle a Niño 1:
Tía Lina: - ¡Corre, corre, que vas al pozo directamente!
    De repente, tía Lina se para, escucha murmullos a su alrededor, pero está sola con Niño 1. Este comienza a reír.
Niño 1: - ¿Les escucha, verdad? ¿La están llamando?
    Tía Lina, tía Lina, tía Linaaaaa. Son voces guturales, apagadas, repletas de dolor y angustia, tía Liiiinnnaaaa. 
Tía Lina: - ¡Callaros, callaros! 

    Tía Lina corre hacia el pozo, las voces aumentan su volumen, mientras Niño 1, ríe, ríe y ríe. Cuando ella llega a la boca del pozo, se asoma a este y las voces se acallan, todo queda en un absoluto silencio, un frío intenso envuelve su cuerpo y  sus ojos intentan escrutar la oscuridad  que esconde. Tía Lina tiene miedo, y Niño 1 lo sabe. Aprovecha esos momentos en que está completamente petrificada por esa sensación, para cogerla por las piernas y utilizar toda la fuerza que le queda en su pequeño cuerpo y empujarla al interior del pozo, con sus niños, esos a los que ella dice, tanto ama y cuida. 
    No le ha resultado difícil, tía Lina estaba desubicada, la gran bruja había quedado embrujada por las voces de sus querubines, aquellas  la estaban atormentando y no la dejaban moverse, la agarraban, la ahogaban. Niño 1 solo aprovechó ese instante, y zas, al vacío. 

    Después, rodeó el pozo y cogió el MP3 que había conectado a un altavoz donde había gravado las voces durante varios días con todos sus compañeros, cada vez que tía Lina se ausentaba unos momentos, para que no les pudiera escuchar, y se percata que el MP3 no está funcionando. Él está seguro que lo ha conectado unos momentos antes, en cuanto ha visto que tía Lina salía de la casa, pero está apagado, entonces ¿de dónde han salido las voces? Se estremece, y desde el pozo se escucha un hermoso canto de voces angelicales, ya sin miedo, libres.

domingo, 18 de febrero de 2024

CARIÑO


Sentí su respiración en la barra del bar, mientras tomaba mi cerveza sin alcohol. Se acercó, susurrando en mi oído lo bella que estaba y sonreí. Quedé prendada por su voz, porte y sonrisa. Acarició con sus dedos mi mejilla, con suavidad, sin prisa. Me enamoré, en unos segundos, me enamoré.

Empezamos a salir de forma inmediata, no hubo preámbulos, ni primeras citas. Desde un principio fuimos uno, una palabra, una caricia, un corazón, un te quiero, puro cariño. Me fascinaba su mirada, me sumía en una paz infinita cuando mis sentimientos o mis temores me arrastraban al infierno. Eras mi luz de cada amanecer, el beso de buenas noches, el abrigo en días de tormenta, eras pasión, lujuria, y olvidé hasta cuál era mi nombre, pues solo me llamabas, cariño.

Cariño, seis letras que llenaron mi vida. Meses contigo, viajes, silencios, éramos polos opuestos y, sin embargo, fuimos uno.

Y hoy, de nuevo, estoy sentada en la barra del bar, con una cerveza sin alcohol y tú te has ido. Pero aún escucho tu voz, como un susurro en mi oído, y me giro, cierro los ojos, te escucho “cariño”. Mis ojos se llenan de lágrimas, fuimos tanto tiempo uno, que perdí mi propia esencia y no me di cuenta de que tus ojos ya miraban a las chicas de la barra del bar, en la que nos reuníamos con nuestros amigos. Me cegó el amor, la confianza y el cariño.

Pero si vuelvo a escuchar tu voz detrás de mí, olvidaré que te has ido, me lanzaré en tus brazos de nuevo, y te diré “cariño”.



martes, 13 de febrero de 2024

EL INCENDIO

 Son las tres de la madrugada, hace frío, me acerco a la ventana y observo la oscuridad de la noche, los fantasmas del pasado no quieren dejarme ir. Fijo mi mirada en el jardín, ese lugar maravilloso donde en mi niñez y adolescencia viví mis mejores momentos. Esas rosas que mi madre cultivaba, con su rojo intenso y un aroma que nunca se olvida. Sus manos escarbando en la tierra, acariciándola más bien, y tarareando sus canciones favoritas.

Mi primer beso, tras el manzano, dos bocas buscándose con un pequeño roce de labios, con miedo, con vergüenza, con timidez. El primer beso, lo puedes recordar como algo dulce u olvidar por lo poco que significó para ti. 

Han pasado los años y mamá ya no está, el jardín se va secando.  Yo le canto, le cuento mil y una historias, acaricio su tierra, pero no son sus manos, no es su voz, no soy la luz que lo hacía brillar con su amor. Me he dejado vencer por la pena, la soledad y el silencio de una casa vacía. He sido cobarde, el polvo del tiempo me cubre sin pena ni gloria. 

No luché por conseguir que aquel primer beso se convirtiera en noches de pasión, en viajes de amor, simplemente y de manera torpe besé, y ya no insistí en repetir. 

Estoy cansada, sola y triste. Releo la carta que me ha llegado del banco una y otra vez, último aviso de pago de cuota de préstamo, aviso de embargo. Esta vez sí que voy a actuar, a romper con todo, no voy a permitir que nadie entre en las habitaciones, la cocina o el salón que tanto costó a mis padres construir, y que yo, con mi desidia he dejado perder. Esta vez actuaré, ya no me importa nada.

Bajo a la cocina y abro el gas, los cuatro hornillos. Las ventanas ya están cerradas y todas las puertas de las habitaciones abiertas. Me siento en la mecedora y me balanceo lentamente, sin prisa, sonrío. Disfruto de aquella noche fría, mi última noche. No hay dolor, ni remordimiento, me he buscado lo que ha pasado. No culpo a nadie, soy la única responsable. Huelo ya el gas, es el momento, me enciendo un cigarrillo y ¡pum, pum, pum! Es un gran castillo de fuegos artificiales, una explosión tras otra, mi sonrisa, mi adiós. El final de la suma de una vida cobarde que busca con el fuego del infierno, las alas de la liberación. 


lunes, 12 de febrero de 2024

HASTA LUEGO

 El avión ya está en la pista preparado para partir, te abrazo fuerte y me quedo con tu mirada. Esos ojos maravillosos que me invitan cada vez a nadar en tu alma, esos tus ojos de mar, que iluminan mi vida y me quiebran la voluntad, arrastrándome al abismo de la felicidad.

Días de lluvia, sol, tormentas y atardeceres en la playa, tumbadas en la arena, tu mano en la mía, no nos hace falta tan siquiera, decir nada. Son silencios que abarcan miles de palabras y caricias que nos sumergen en una pasión desenfrenada. Hemos tenido risas, llanto, enojos y prudencia en un principio de nuestra relación, pues parecía que cada palabra ocasionaba malentendidos, disgustos y reconciliaciones maravillosas, que una tras una, poco a poco, nos han traído al aeropuerto hoy.

El egoísmo me chilla al oído que te grite ¡no te marches, por favor, no te marches!, mas debo acallar mis miedos, sonreírte y susurrarte, con voz apagada y bañada por las lágrimas, un "te quiero". Te alejas lentamente, desapareces por el pasillo de embarque, pero te paras un momento, gesticulas y clavas tu mirada en la mía, sé entonces que no es un adiós, es un hasta luego.