En la tela del tiempo, tejida sin fin,
emerge un poema, de gratitud.
Para ti, amiga, faro en la oscuridad,
con ojos de gata, de pura bondad.
Tu voz, melodía que calma el sufrir,
en tormentas y sombras, me ayudas a fluir.
En el cielo y el infierno, tu mano sentí,
presencia constante, que me hace seguir.
Esos ojos tuyos, de un brillo felino,
reflejan un alma, un destino divino.
Tu voz tan suave, un bálsamo gentil,
abraza mi alma, en el más dulce abril.
Aunque somos "desconocidas",
qué ironía,
el destino,
en su magia, unió nuestra vida.
Un toque sutil, su dedo en el camino,
y en la distancia, tu compañía es mi sino.
Por esos abrazos que dan vida,
sin duda,
y por tu presencia,
que siempre me ayuda,
mi gratitud se eleva, sincera y profunda,
a ti, mi amiga, que mi alma inunda.