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martes, 13 de febrero de 2024

EL INCENDIO

 Son las tres de la madrugada, hace frío, me acerco a la ventana y observo la oscuridad de la noche, los fantasmas del pasado no quieren dejarme ir. Fijo mi mirada en el jardín, ese lugar maravilloso donde en mi niñez y adolescencia viví mis mejores momentos. Esas rosas que mi madre cultivaba, con su rojo intenso y un aroma que nunca se olvida. Sus manos escarbando en la tierra, acariciándola más bien, y tarareando sus canciones favoritas.

Mi primer beso, tras el manzano, dos bocas buscándose con un pequeño roce de labios, con miedo, con vergüenza, con timidez. El primer beso, lo puedes recordar como algo dulce u olvidar por lo poco que significó para ti. 

Han pasado los años y mamá ya no está, el jardín se va secando.  Yo le canto, le cuento mil y una historias, acaricio su tierra, pero no son sus manos, no es su voz, no soy la luz que lo hacía brillar con su amor. Me he dejado vencer por la pena, la soledad y el silencio de una casa vacía. He sido cobarde, el polvo del tiempo me cubre sin pena ni gloria. 

No luché por conseguir que aquel primer beso se convirtiera en noches de pasión, en viajes de amor, simplemente y de manera torpe besé, y ya no insistí en repetir. 

Estoy cansada, sola y triste. Releo la carta que me ha llegado del banco una y otra vez, último aviso de pago de cuota de préstamo, aviso de embargo. Esta vez sí que voy a actuar, a romper con todo, no voy a permitir que nadie entre en las habitaciones, la cocina o el salón que tanto costó a mis padres construir, y que yo, con mi desidia he dejado perder. Esta vez actuaré, ya no me importa nada.

Bajo a la cocina y abro el gas, los cuatro hornillos. Las ventanas ya están cerradas y todas las puertas de las habitaciones abiertas. Me siento en la mecedora y me balanceo lentamente, sin prisa, sonrío. Disfruto de aquella noche fría, mi última noche. No hay dolor, ni remordimiento, me he buscado lo que ha pasado. No culpo a nadie, soy la única responsable. Huelo ya el gas, es el momento, me enciendo un cigarrillo y ¡pum, pum, pum! Es un gran castillo de fuegos artificiales, una explosión tras otra, mi sonrisa, mi adiós. El final de la suma de una vida cobarde que busca con el fuego del infierno, las alas de la liberación. 


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