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sábado, 10 de agosto de 2024

RECOGIENDO PAPELES

 Recientemente he cambiado de domicilio, trasladándome a una vivienda unifamiliar en un barrio poco habitado y de ambiente sereno, en las afueras urbanas. La tranquilidad de la zona se ve reflejada en el sonido de los grillos nocturnos y el canto de las aves al alba. Las calles son anchas y disponemos de un jardín privado. La cordialidad vecinal se manifiesta en el saludo matutino que intercambiamos con nuestros vecinos, pero mi vecino más próximo, suele observarme desde su ventana, de una manera descarada, atrevida, sin esconderse.

Me levanto a primera hora de la mañana para acudir a mi puesto de trabajo, pero con anterioridad salgo a correr. El parque que circunda la urbanización es un lugar hermoso y poco concurrido, dado que su ubicación alejada lo convierte en un espacio reservado para los residentes de Villaverde (el nombre de la urbanización). En las noches en las que el sueño se me escapa, me calzo las zapatillas deportivas, me visto con ropa de deporte y paseo por el parque. Me llama la atención y me resulta intrigante que, desde hace algunas noches, haya observado a una joven recogiendo del suelo papeles que, a continuación, lee, arruga y vuelve a depositar en el suelo, repitiendo esta acción de manera reiterada.

Mi vecino Pablo fue muy madrugador esta mañana. Apenas puse un pie en la calle para salir a correr, ya me estaba esperando en la puerta de mi casa. Confieso que me asusté bastante. Me miró fijamente con sus oscuros ojos, que parecían penetrar en la oscuridad de la madrugada. Me tomó de la mano y me preguntó:

- ¿La has visto?- Su voz sonaba asustada, incluso un poco desesperada.

- Perdona, no te entiendo. ¿A quién tengo que ver?

- ¡A ella, recogiendo papeles, una y otra vez, sollozando!

- Sí, sí - Le contesto rápidamente. -¿Quién es?

Marianela, ¡qué dulce era Marianela! Vivía en esta urbanización, en los adosados de la zona norte, los más cercanos al parque. Era una soñadora empedernida, siempre radiante de felicidad. El brillo de sus ojos al sonreír lo iluminaba todo a su alrededor. El simple hecho de estar cerca de ella te hacía sentir bien, no sé cómo explicarlo. —Se detuvo unos instantes, pensativo, y añadió—: Era como tener un ángel a tu lado, que te hacía sentir seguro, relajado, en paz.

- ¿Qué ha pasado, ya no reside aquí? 

- Nadie sabe qué sucedió. Una noche, la vieron salir de su casa y dirigirse hacia el parque, con un papel en la mano, sollozando amargamente. Desde entonces, nadie la ha vuelto a ver, salvo los que por las noches salís al parque a pasear o correr, a la misma hora, en el mismo lugar del parque. Poco después de su desaparición, su casa fue puesta a la venta y aún sigue vacía. Los vecinos cuentan que escuchan risas esporádicas y llantos cada noche, pero de Marianela, nadie tiene más noticias. Si te acercas a ella por la noche para preguntarle, se desvanece entre los árboles, y si la llamas, te mira con unos ojos vacíos y llorosos. Si intentas tocarla, se disuelve entre tus dedos, envolviéndote en un intenso frío. Se cuentan dos versiones del famoso papel, una es que era el adiós de algún enamorado (con el que nunca se había visto), y otra, una notificación de desahucio. ¿Quién sabe?, pero la ternura, luz y locura de Marianela, se fue.




1 comentario:

  1. La ilusión de vivir lejos del trajín de la ciudad, paz tranquilidad.
    Todo tiene un precio y a veces las cosas no sale como queremos

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