Cárcel con barrotes de colores,
según el día
Bosque verde y frondoso, interminable
Aguas transparentes, palmeras y cocos
Una isla perdida
Un barco al fondo, precioso
el mar se agita,
Levanto los brazos y grito
¡grito, grito, grito!
Enciendo un fuego,
al rato se convierte en ceniza
Dejando su calor y su huella
en la isla perdida
Mi propio yo, es esa isla
que se hunde y emerge cual Ave Fénix
cada día,
con su cobardía y alegría
con sus gritos en silencio
con su locura.

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