Traductor

lunes, 26 de febrero de 2024

¡SIN SABER POR QUÉ!

 

    Toda la noche esperando que me llamaras, mirando el reloj una y otra vez, cada segundo parecía una eternidad. Permanecía con la luz apagada, solo el reflejo de la luna llena que filtraba por la ventana iluminan la habitación, y esa farola, apagando y encendiéndose continuamente, anunciando su muerte. Y yo, inquieta, ¡sin saber por qué! 


    Era una noche cualquiera, de las que sabía que no vendrías, ni me llamarías. Tu rutina, tu indiferencia a la que ya me tenías acostumbrada, tu tranquilidad de "todo está bien, para qué llamar", pero la inquietud esa noche me consumía, y ¡sin saber por qué!

    Me decidí en dejarte un mensaje en el móvil, sé que no te gustaba, pero esa desazón iba en aumento, me empezaba a oprimir el corazón, a acelerar la respiración e incluso sin más, me puse a llorar. Me abracé a tu almohada, cerré los ojos y te sentí junto a mi. El calor de tu piel, tu aroma, el roce de tus labios, incluso me pareció escuchar tu voz, como un susurro. 

    Llegó el amanecer, la luna se desvaneció y los primeros rayos de sol despuntaron en la mañana. Al final, te llamé. Un tono, dos, tres y no respondes. Finalizan los tonos y te dejo mensaje en el contestador. ¡Por favor, llámame!. Intento que mi voz no sea una súplica, ni esté envuelta en un sollozo, aparento una fingida tranquilidad, pero tu me conoces demasiado bien. 

    Agotada por no dormir, con los ojos hinchados de sollozar me arreglo y salgo a trabajar, un día más. Tu llamada sigue sin llegar. Ya son varios meses, pero incrédula de mí no te puedo olvidar. Aquel pálpito fue tan real. Sí que estuviste en unos brazos, el calor de tu piel, tu aroma y el roce de tus labios a otra hicieron temblar. Aquella zozobra que sentí fue el preludio de un adiós.

    Estaba cegada y no me percaté que no me llamabas a mí, pero a ella sí, que tu indiferencia ya era desamor y tus ojos ya no reflejaban la luz cuando me mirabas. ¡Qué tonta fui!, más sigo esperando que me llames, ¡incrédula de mí! 

2 comentarios:

  1. Me encanta, a veces tenemos la respuestas delante de nuestros morros, pero no la queremos ver

    ResponderEliminar
  2. Susana Maria Piñeiro Novo27 de febrero de 2024 a las 9:44

    Me encanta!! La mayoría de las veces ño sabemos pero no queremos ver cielo 👏👏💪💪💖

    ResponderEliminar