Me levanto cada día, me pongo mi disfraz de payasa y salgo a la pista con una enorme sonrisa y unos grandes zapatones para resistir cualquier envite que nos dé la vida.
Dicen que es fácil y divertido ser payasa, ¡todo lo contrario!, lo fácil es dejarte vencer por las circunstancias y tus propios miedos, encerrarte en el rincón de tu castillo y resguardarte de todo aquello que duele o no te gusta. Pero la payasa, sube a su coche de buena mañana, pone la música a todo volumen, acaricia el volante como a un fiel amante que la cuida en cada viaje y sonríe. Lo más importante, intenta transmitir su sonrisa y alegría al público, y como en toda función, a veces se consigue y a veces no.
Terminada la función diaria vuelvo a casa, donde me quito el maquillaje, el traje de payasa y los grandes zapatos. Me tambaleo, me veo tal y como soy, débil, cansada y payasa sin maquillaje. Pienso en todas las bobadas que he hecho o dicho en esta función, en las tonterías y en la sinrazón de palabras y actos, de preocupaciones innecesarias, de lágrimas a destiempo y de risas fingidas, de silencios por no ofender y palabras sinceras que caen en saco vacío.
Y esta es mi vida, una función diaria en un circo de colores, una payasa que se calza cada día sus grandes zapatones, pone la música a todo volumen y salta al escenario.
LOU

Guay Lu, me encanta, eres genial gran escritora 😘
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