Se cierra la puerta. Atrás quedan los golpes, gritos, lágrimas, sus risas y burlas constantes, ¡el miedo, ese maldito miedo! Noches sin dormir, visualizando una y mil veces cómo será mi huida, mi libertad. Y por fin, esta noche sin más, ha llegado, inesperadamente.
Sobre las 21.00 horas, como todas las noches, salvo los fines de semana, le he oído llegar. Hoy, venía contento, solo ha gritado mi nombre tres veces para llamarme, como si estuviera en la otra parte de la ciudad.
- ¡Luisa, Luisa, Luiiiiiisssaaaa! -, sonríe sarcásticamente. - Mi niña bonita ¿Dónde estás escondida?, Vamos, papaíto está aquí.
Mis manos comienzan a temblar. Reviso la mesa y repaso rápidamente que todo esté como a él le gusta. Su vaso de vino, su plato de sopa caliente (aunque estemos a 40º), la carne preparada para asar (porque si la hago antes y se enfría...), no quiero ni pensarlo. Escucho como entra en la habitación, se estará cambiando la ropa. Por supuesto, las zapatillas están preparadas a los pies de la cama, y su pijama de seda plegado perfectamente sobre el cojín, todo en su sitio. Pasan unos minutos, oigo ya sus pasos por el pasillo que se acercan a la cocina. Me sudan las manos, se me acelera el corazón, y no es de amor, hace ya mucho que este desapareció para convertirse en una historia de horror.
Me roza lentamente con sus dedos, sus facciones son tan angelicales, qué durante unos breves segundos me siento culpable de tenerle tanto pánico, pero dura poco. Ese roce angelical se convierte en un pellizco en el lóbulo de mi oreja y un grito:
- ¡Ese no es el vino que me gusta, y lo sabes!
- Lo siento, no había en el supermercado, y me ha comentado la cajera que este es muy parecido. - Mi cara ya está rozando la copa de vino del tirón que me ha dado, me arde el oído. La copa tintinea en la mesa hasta casi caer, -¡no por Dios, no!
- ¡Eres una inútil!
Me suelta y con un empujón me tira al suelo. Me levanto de un salto y le sirvo la sopa, su sopa caliente. Enciendo el fuego para empezar a asar la carne, ni muy cruda ni muy hecha, en su punto. Yo no puedo cenar con él, le molesta desde hace un tiempo el ruido que dice hago al masticar. ¡Será por los dientes que me faltan de tantos golpes! Claro, no hay dinero para ir al dentista para mí, pero sí para sus pijamas de seda, sus botellas de vino de tropecientos € y demás caprichos del señor. Y tampoco me deja ir a trabajar, sabe que ello podría dar paso a mi libertad, y la sumisa se acabaría.
Sin embargo, esta noche va a cambiar mi suerte. No sé si un ángel, bueno, más bien los creyentes dirán un demonio, ha hecho que todo se vuelva a mi favor de una forma irreal. Hoy podemos decir que sí existe el karma.
La carne ya está en su punto y el ha terminado su sopa. Le retiro el plato y le sirvo la carne. Está tierna, muy tierna. El roce del cuchillo la corta fácilmente, y bocado a bocado la mete en su boca, uno tras otro, casi sin respirar. De pronto, empieza a ponerse rojo y noto que se ahoga. Me quedo mirándole, no sé que pasa. Se levanta dando trompicones y empieza a darse golpes en el pecho, no puede gritar, se ahoga. Yo sigo pegada a la pared, paralizada. Cae al suelo, le miro y su mirada me suplica le ayude, sigo inmóvil. Sus ojos quedan abiertos, mirándome, gritándome desde el infierno.
Desde su teléfono llamo al 112 y explico que mi esposo se está ahogando, que por favor, vengan lo más rápido posible, no sé que hacer. Estoy sola, ni una lágrima sale de mis ojos. En unos minutos escucho aproximarse una sirena, y personas corriendo por la escalera. Les abro la puerta, intentan reanimarle, pero ya es tarde.
Sus ojos me siguen mirando, más ahora soy yo la que sonrío. Intentando reanimarle han movido la mesa del sitio, y la copa de vino ha caído sobre él. ¡Salud, amado mío!

Bonito final,me encanta 🤣
ResponderEliminarYo se de tres que se estarían diciendo "el asesinato perfecto" y otra que les diría ¿Qué de eso no se, si cobra del seguro?🤣🤣🤣🤣🤣
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